Entre todos los inmuebles que tenemos a la venta, a veces algunos tienen una historia que contar, y esto es lo que tiene una vivienda situada en la calle Costanilla de los Ángeles nº 13, llena de historia y encanto.

La Costanilla de los Ángeles se sitúa en el Barrio de Santo Domingo que eran los antiguos arrabales madrileños, el cual albergaba el Convento de Santo Domingo que se extendía hasta la actual plaza de Isabel II y de Oriente.

Este convento lo fundó Santo Domingo de Guzmán en el año 1218 y según la tradición, fue el propio santo quien cavó un pozo para el abastecimiento del monasterio, que aún se conserva en el número 3 de la calle de Campomanes. El convento contaba con una enorme huerta famosísima y conocida como Huerta de la Priora y antes de la Reina, que fue una cesión de doña Leonor, esposa de Alfonso VIII.

El barrio actual de Santo Domingo queda delimitado por la calle de San Bernardo, plaza de Sto. Domingo, Costanilla de los Ángeles, plaza de Isabel II, Arrieta, San Quintín, Bailén, plaza de España y la Gran Vía, cuya construcción trajo consigo la desaparición de algunos nobles edificios e incluso de calles enteras.

Tras esta introducción vamos a contar los aspectos más interesantes de La Costanilla de los Ángeles.

Es una calle en pendiente que sube desde la calle del Arenal, cerca de la Puerta del Sol, hasta la plaza de Santo Domingo, en dirección norte. Antes del siglo xviii se llamaba Bajada de los Ángeles  por el Monasterio Real de Santa María de los Ángeles o “Convento de los Ángeles” compartiendo manzana con el Convento de Santo Domingo

Los cronistas citan entre sus ilustres vecinos al Infante Enrique de Borbón, muerto en duelo con el duque de Montpensier el 12 de marzo de 1870. En el número 1 de la Costanilla, hubo en el siglo xix y parte del siglo xx un “avanzado Centro Obrero”.

El “Convento de los Ángeles”de monjas franciscas, fue fundado en 1564 por doña Leonor de Mascareñas, aya de Felipe II y del Príncipe Carlos, sobre un solar de su propiedad situado en la calle de los Ángeles, contiguo al monasterio de Santo Domingo el Real.

En este Convento estuvo hospedada Santa Teresa de Jesús, en la primavera de 1569, en el número 15 de Costanilla de los Ángeles y en el que hay una placa conmemorativa.

En 1617 un incendio destruyó muchas de sus celdas y las monjas abrieron el tabique que las unía con el convento de Monjas de Santo Domingo, para darlas cobijo. El convento fue demolido tras la desamortización de 1836, construyéndose en su lugar un edificio de viviendas.

¿Leyenda o realidad?

Pero además también tiene una historia tal vez menos conocida y que algunos de sus vecinos nos han contado, como que aun existen túneles que unen el edificio con el Palacio Real y que una monja se aparece con una cajita de madera. ¿Leyenda o realidad? No lo sabemos, pero lo cierto es que El Palacio Real de Madrid, ubicado entre la Plaza de Oriente y la catedral de la Almudena, está lleno de pasadizos ocultos, que esconden mucha historia a sus espaldas.

Uno de los túneles más importantes es el de la Encarnación, un pasadizo que conecta la Casa del Tesoro con el Monasterio de la Encarnación. Fue construido en el año 1612, y desde entonces comenzó a aparecer en algunos mapas. Inicialmente, no conectaba el Monasterio con el Palacio Real sino con el Alcázar de los Austrias, y se dice que Felipe IV lo usaba para poder ir a misa sin tener que salir a la calle.

Otro túnel destacado en el Palacio Real es el que conecta con el Teatro Español, que antiguamente era un convento. Se dice que en general los túneles del ala oriental los usaba Alfonso XII para poder visitar la ciudad de incógnito.

En cuanto a la monja que se aparece, puede que tenga algo que ver con una historia real.

El 18 de julio de 1936, el local principal de las Hermanas Adoratrices que se encontraba en la calle de la Princesa fue ametrallado por milicianos comunistas y anarquistas, por lo que las hermanas decidieron abandonarla y distribuirse en casas de familiares y amigos. Aquellas que no encontraron alojamiento se quedaron varios días en la Casa General, hasta que la superiora de la comunidad, la Madre Diosdada Andía, alquiló en la primera semana de agosto un piso en el número 15 de la calle Costanilla de los Ángeles, haciéndose cargo de la gestión y administración de esta residencia camuflada.

El refugio parecía seguro y a mediados de agosto empezaron a llegar al piso Adoratrices escapadas de varias poblaciones de España en las que sus conventos y comunidades habían sido atacados y cerradas por milicianos de los partidos que apoyaban al Frente Popular. En total, fueron 23 las hermanas que ocupaban el piso.

Sus condiciones de vida eran más que austeras. Sin muebles, usaban cajas de cartón a modo de camas y sillas y las provisiones que conseguían no eran suficientes para alimentar a un grupo tan numeroso, por lo que sus salidas a la calle fueron cada vez más frecuentes, exponiéndose a ser descubiertas por las patrullas milicianas que frecuentaban esa zona del centro de Madrid.

Para poder tomar la comunión, consiguieron contactar con un sacerdote que, cada semana, les entregaba las formas consagradas suficientes para poder recibir el sacramento a diario. La encargada de custodiar la caja de madera que las contenía fue la hermana Rosaura López Brochier.

El secreto de la estancia de las hermanas en el piso de Costanilla de los Ángeles duró poco y, en septiembre, era ya un secreto a voces que el inmueble estaba ocupado por monjas. Aun así, no recibieron apenas visitas desagradables hasta que el 9 de noviembre, durante una alarma antiaérea en la que bajaron a la calle para ponerse a resguardo, fueron descubiertas por un grupo de milicianos comunistas cuando salían del portal del edificio.

Una vez terminada la alarma, las hermanas regresaron al piso, donde esperaban media docena de milicianos que las detuvieron inmediatamente para conducirlas a la checa de Fomento, incluida la hermana Lucía González García que se encontraba impedida. En ese centro, uno de los más brutales de las decenas de prisiones gestionadas por las milicias que había en Madrid, fueron torturadas y asesinadas. La mayoría de los cuerpos de las adoratrices fueron encontrados junto a la tapia del cementerio de La Almudena, donde reposan muchas de ellas. Otras fueron trasladadas a Vicálvaro y dos de ellas al Valle de los Caídos.

Como veréis Madrid es una gran ciudad y los muros de sus casas contienen historias de lo más interesante.

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